La ensalada Colette: el Paris que imagine antes de conocerlo
- Marilyn

- 14 may
- 6 min de lectura
Actualizado: 20 may
Hay recetas que nacen antes de que una entienda de dónde vienen.
A veces creemos que primero hay que viajar, sentarse en una terraza, mirar una calle antigua y probar algo inolvidable para que una idea despierte. Pero no siempre es así. Algunas recetas nacen mucho antes: en los libros, en las películas, en la imaginación, en esas ciudades que una visita primero con la mente y después con los pies.
Eso me pasó con la ensalada Colette.
La preparé y la compartí antes de viajar a París, pero en realidad París ya llevaba mucho tiempo viviendo en mí.
Lo había conocido en páginas subrayadas, en historias de escritores jóvenes sentados en cafés, en mujeres que caminaban por calles empedradas con abrigos elegantes, en mesas pequeñas con flores frescas, copas de vino y conversaciones que parecían durar hasta la madrugada.
Yo no había pisado París todavía, pero ya lo había soñado.
Y de ese París imaginado nació Colette.
No necesariamente la Colette exacta de los libros de historia, sino la Colette que apareció en mi cabeza mientras pensaba en una ensalada con carácter: una mujer de los años veinte, elegante sin esfuerzo, con un departamento pequeño cerca de Saint-Germain-des-Prés, libros abiertos sobre la mesa, flores en un jarrón y una libreta de recetas donde anotaba lo que preparaba cuando quería consentirse sin pedir permiso.
Me la imaginé llegando del mercado con una canasta llena de ingredientes hermosos. Hojas verdes, algo crujiente, algo ácido, algo dulce, algo inesperado. Porque para ella una ensalada no era una simple mezcla de cosas: era una escena.
Colette sabía que una ensalada podía ser fresca sin ser aburrida, elegante sin ser presumida y ligera sin perder misterio.
La imaginé poniendo la mesa para ella misma, porque hay mujeres que no esperan invitados para tratarse bonito. Encendiendo una lámpara, sirviéndose algo en una copa, acomodando cada ingrediente con calma y cerrando el día como quien escribe una pequeña victoria.
Después, en mi imaginación, tomó su cuaderno y escribió:
Ensalada Colette.

Tiempo después, cuando finalmente viajé a París, entendí algo que me emocionó mucho: no estaba conociendo una ciudad desde cero. Estaba caminando por un lugar que ya me había habitado de otras formas.
París ya me había visitado antes.
Llegó primero en los libros, en las historias, en los cafés imaginados, en las mujeres que inventé, en las recetas que soñé sin haber estado ahí. Y cuando por fin vi sus calles, sus terrazas, sus ventanas, sus mesas pequeñas mirando hacia la banqueta, sentí que mi ensalada Colette no había nacido de una mentira ni de una fantasía vacía.
Había nacido de la imaginación.
Y la imaginación, cuando se alimenta de lectura, de curiosidad y de sensibilidad, también es una forma muy real de viajar.
A mí me preguntan mucho por mi forma de bloguear. Me dicen: “¿Cómo sabes tanto?”, “¿de dónde sacas las historias?”, “¿cómo conectas una receta con una época, con una mujer, con un lugar?”
Y la verdad es que muchas veces no empieza en internet.
Empieza en los libros.
Yo conocí París antes de que mis ojos lo vieran, porque los libros me regalaron calles que todavía no había caminado, cafés donde nunca me había sentado y personajes que, aunque no eran míos, se quedaron a vivir en alguna parte de mi memoria.
Por eso, cuando creo una receta, mi mente no se queda solo en los ingredientes. Busca una historia. Una época. Una mujer. Una mesa. Una emoción. A veces encuentra un recuerdo real, y a veces encuentra un mundo imaginado que después termina pareciendo más verdadero de lo que esperaba.
Si quieren entender un poco ese París que vive entre cafés, escritores, nostalgia, juventud y hambre de mundo, les recomiendo leer París era una fiesta, de Ernest Hemingway.
Es un libro de memorias donde Hemingway recuerda sus años en París durante la década de 1920, cuando era un escritor joven, con poco dinero, muchas dudas y una vida rodeada de cafés, libros, calles frías, amistades literarias y esa sensación de estar viviendo algo que solo con el tiempo entendería por completo.
No es un libro de cocina, pero alimenta la imaginación.
Y a veces, eso también termina en una receta.
Porque una ensalada puede nacer antes de un viaje. Puede empezar en una página, en una fantasía, en una mujer inventada llamada Colette y en una ciudad que todavía no conoces, pero que de alguna manera ya te está esperando.
La ensalada Colette nació así: del París que imaginé antes de verlo, de los libros que me enseñaron a caminar por calles lejanas y de esa certeza que cada vez siento más fuerte:
las recetas también pueden ser una forma de viajar.

Ensalada Colette
Ensalada francesa con arúgula, ejotes y almendras garapiñnadas
Ligera, sofisticada y con un guiño francés, la Ensalada Colette combina la frescura de la arúgula, la textura delicada y crujiente de los ejotes franceses, el carácter del queso de oveja y el dulzor irresistible de las almendras garapiñadas.
Todo se une con una vinagreta perfumada con trufa que convierte cada bocado en una experiencia elegante, aromática y memorable.
Ingredientes (Para 4 personas)
Para la ensalada
500 g de ejote francés, cocido y bien seco
120 g de arúgula baby
120 g de almendras garapiñadas, troceadas y algunas enteras para decorar
80 g de queso de oveja: parmesano, roncal, manchego curado o pecorino
Sal al gusto
Pimienta negra recién molida al gusto
Para cocer los ejotes
Agua suficiente
Sal al gusto
Bowl con agua y hielo
PreparacióOn de los ejotes
Lleva a hervor una olla con agua y sal.
Agrega los ejotes franceses y blanquéalos durante 1 minuto y medio.
Retíralos inmediatamente y pásalos a un bowl con agua y hielo para cortar la cocción.
Escúrrelos y sécalos muy bien. Este paso es importante para que la ensalada no quede aguada y la vinagreta se adhiera mejor.
Vinagreta de trufa
Ingredientes
60 g de mostaza Dijon
2 g de pimienta negra
6 g de sal
80 ml de vinagre de vino tinto
Puedes usar 50 ml si prefieres una vinagreta menos ácida.
20 ml de jugo de limón exprimido a mano
2 cucharadas de miel de abeja, opcional
20 a 40 ml de agua fría, según la cantidad de vinagre usada
35 ml de aceite de trufa negra
100 ml de aceite de oliva
120 ml de aceite de cártamo
20 g de pasta de trufa o tartufata
Úsala con moderación porque su sabor es intenso.
PreparaciOón:
En un vaso alto y frío, coloca la mostaza Dijon, la sal, la pimienta, el vinagre, la miel y el jugo de limón.
Bate con batidora de inmersión hasta integrar.
Agrega el agua fría para ayudar a estabilizar la mezcla.
Incorpora los aceites poco a poco, en forma de hilo, mientras sigues batiendo hasta lograr una vinagreta emulsionada.
Añade la pasta de trufa y mezcla nuevamente.
Rectifica sazón.
Tip de la Máster: esta vinagreta sabe todavía mejor si la preparas un día antes. El reposo permite que los sabores se acomoden y se vuelvan más redondos.
Almendras garapiñadas
Ingredientes
400 g de almendras
200 g de azúcar
150 ml de agua
1 cucharadita de vainilla
Preparación:
Coloca las almendras, el azúcar, el agua y la vainilla en un sartén de paredes altas.
Cocina a fuego medio-alto durante aproximadamente 10 minutos, moviendo constantemente, hasta que el agua se evapore y el azúcar se vea arenosa.
Baja la flama a temperatura media y sigue moviendo con una palita de madera.
Juega con la temperatura si es necesario para evitar que el azúcar se queme.
Continúa cocinando hasta que el azúcar se funda nuevamente y caramelice, cubriendo las almendras.
Pasa las almendras a una charola con tapete de silicón.
Sepáralas con dos tenedores antes de que se endurezcan por completo.
Deja enfriar y guarda en un frasco hermético hasta el momento de usarlas.
Montaje de la Ensalada Colette
En un bowl frío, coloca la arúgula baby y sazona con un toque de sal.
Agrega los ejotes franceses, ya cocidos, fríos y muy bien secos.
Añade una parte de las almendras garapiñadas troceadas.
Vierte vinagreta al gusto.
Integra suavemente con la mano para no maltratar la arúgula ni los ejotes.
Pasa la ensalada a un platón extendido y frío, formando una montañita con movimiento natural.
Ralla encima el queso de oveja.
Termina con un poco más de sal, pimienta negra recién molida y almendras garapiñadas enteras.
Si deseas, acompaña con higos partidos y cerezas frescas a un lado.
Sirve justo antes de llevar a la mesa.

Nota final
La Ensalada Colette equilibra lo fresco, lo dulce, lo crujiente y lo aromático. Está pensada para seducir la vista y el paladar, pero también para contar una historia.
No es solo una ensalada: es un gesto de elegancia comestible.




Hola Máster, al empezar a leer escuchaba tu voz suave, mística, a veces en susurro y dando énfasis a lo importante; muchas gracias por compartir tus recetas e indudablemente eres la mejor del mundo !!!
Waao enamorada de tus relatos siempre espero con ansias con todo lo nuevo que tienes 💕 gran mujer como te han descrito muchas personas y estoy totalmente de acuerdo y a propósito estoy leyendo pero con tu voz en mi cabeza jejeje.
Master que le puede uno decir si todo lo que hace lo hace con amor con ese sello tan peculiar el platillo más simple lo hace ver elegante.
Gracias por contagiar esa pasión a la comida a la vida a la familia a los viajes a leer a imaginar…. Gracias master es única 🥰
Hablar de La Master es hablar de elegancia, talento y virtud en su máxima expresión. Mujer de letras y creatividad, arquitecta de sabores, artista de los detalles, anfitriona impecable, madre ejemplar y ser humano admirable. De esas mujeres que no solo destacan por lo que hacen, sino por la esencia con la que tocan todo lo que emprenden. Un universo entero de dones envueltos en una sola persona. Simplemente…Encantadora y Magistral…